Fundación Félix Varela, Inc. New York
7 de junio de 1997

Mons. Octavio Cisneros, Rector del Seminario de Douglaston, Diócesis de Brooklyn,
Presidente de la Fundación Félix Varela, Inc. de New York.

El pueblo se vestía de gala. En la iglesia no cabía uno más. Afuera, la gente amontonada en el parque y en las puertas laterales. En la patronal de Guanabacoa se congregaban todos los obispos, el nuncio, sacerdotes y diáconos para celebrar la Santa Misa. Era 15 de agosto del año pasado. Era la Asunción de María. He tenido la oportunidad de celebrar muchas fiestas marianas que me han impresionado enormemente: en la basílica de Guadalupe, en Higuey, en Monserrate, en Lourdes, en Nazaret, en Sevilla... y en muchos otros lugares. Pero la celebración de Guanabacoa me emocionó casi tanto como la primera vez que visité El Cobre. Nunca había visto la imagen de Guanabacoa. Para mí ha sido la más linda que he visto - una vez nítida, llena de dulzura, una expresión de paz, los ojos mirando a lo alto, las manos abiertas como para abrazar.

El momento cumbre fue cuando, acabada la misa, la virgen se paseaba por el templo asomándose a cada puerta para saludar a sus hijos. Las autoridades civiles han prohibido la procesión, pero no importa, la madre desde lejos saludaba cariñosamente a su prole - como María desde el Calvario.

En este marco tan eclesial, tan mariano, el tribunal para la causa de beatificación y canonización del siervo de Dios, Félix Varela cerraba el proceso para así enviar a la congregación para la causa de los santos en la curia romana el material obtenido. En este marco de fe, de Iglesia, de cubanía, se daba un paso que, Dios mediante, llevará - si así lo juzga la Santa Sede, a la cual corresponde toda competencia - al santo cubano a los altares.

¿Para qué un santo cubano? ¿No nos basta con San Antonio María Claret? ¿Santa Bárbara, San Lázaro, Santa Rosa de Lima, San José, Santo Toribio de Mongrovejo, San Francisco de Asís, y una pléyade enorme de hombres y mujeres que abultan los santorales de la Iglesia?

¿Para qué un santo cubano? El objetivo final de la canonización no es Félix Varela, sino el pueblo de Dios, la Iglesia. Cubanos dentro y fuera de la isla. Cubanos en el destierro y cubanos en la tiranía. Cubanos demócratas y cubanos socialistas. Cubanos buenos y cubanos pecadores. Todos nosotros. Todo hombre y mujer que busca la fe.

El siervo de Dios, Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales, el Padre Varela como preferimos llamarle, no se beneficia en nada por la declaración de su santidad. Varela, el educador, presbítero, filósofo, parlamentario, escritor, no añade nada a su vida pasada, y, menos aún, ahora a su vida en la eternidad, con la declaración de su santidad. Los santos no tienen necesidad de ser declarados tales. Nosotros, sin embargo, si tenemos necesidad de que la Iglesia siga proponiendo continuamente nuevos modelos de santidad. Modelos capaces de ayudarnos a interpretar el mensaje evangélico hoy, en el momento actual y en cualquier condición de vida.

Los santos no tienen solamente la función de servir de incentivo, de estímulo para los fieles, sino que contribuyen a fortalecer y acrecentar la unión existente entre la Iglesia triunfante y la Iglesia peregrinante. Son ellos uns expresión de esa mística unión, una manifestación viva de la vitalidad de la Iglesia, un signo santificante del Espíritu.

¿Por qué un santo cubano? Porque si bien nuestro apóstol de la independencia nos recordó que "nuestro vino es amargo, pero es nuestro vino". El "santo cubano" como llamara Martí a Varela, no es nada amargo: es dulce como la miel, rojo tinto como la sangre derramada por los mambises en suelo patrio, nítido como el agua cristalina, fuerte c'omo la férrea voluntad de nuestros patriotas y libertadores.. y al mismo tiempo débil y tierno como Jesús con nosotros.

Varela no es sólo el santo de los siglos 18 y 19. Varela es el santo del siglo 20. Varela es aquél que nos guiará en el umbral del tercer milenio. ¡Varela es nuestro!

Varela es un signo de unidad. Sabe integrar la ciencia y la fe, con la caridad; la labor pastoral con el rico y la entrega total con el pobre. Varela sabe lo que es ser un hombre esclavizado. Varela conoce la verdadera libertad.

Al clausurarse el tribunal eclesiástico en La Habana el pasado 15 de agosto, todos los documentos y escritos del Padre Varela fueron enviados a Roma, donde serán examinados por la Congregación para la causa de los Santos. Ellos informarán al Santo Padre sobre la catolicidad, fidelidad de doctrina y vida de santidad del Padre Varela. El primer paso sería la Beatificación del Padre Varela.

¿Qué es Beatificación? Es el permiso de tributar culto a un siervo de Dios. La beatificación es una sentencia no definitiva, que tiende a la canonización. El Papa declara simplemente, que un siervo de Dios ha ejercido las virtudes cristianas en grado heroico, y permite que se le tribute culto público con ciertas limitaciones hasta que sea declarado santo.

La legislación actual supone la necesidad de algún milagro, tanto para la beatificación como para la canonización.

¿Qué es un milagro? Un hecho insólito que supone una intervención especial y gratuita de Dios y es a la vez un signo o manifestación de un mensaje de Dios al hombre y una llamada a la conversión. Tengo entendido que en la arquidiócesis de La Habana se ha presentado un milagro atribuido al Padre Varela, actualmente se esta estudiando el caso para presentar los hechos a Roma.

Amigos varelianos, Varela recibió mucho de Dios: una mente ágil, una educación sólida, una tradición y familia cristianas, unos amigos que le querían, una patria linda donde crece la palma. Y él, a pesar de los reveses de la vida: la muerte de sus padres cuando aún era niño, dejar a sus queridos estudiantes para viajar a las Cortes españolas, el exilio en Nueva York, el olvido de su obispo, la falta de libertad en la patria, ninguno de estos desalentó o desanimó a Varela. Nunca se quedó parado, nunca se estancó, nunca guardó los dones que el Señor le había concedido. Siempre estuvo activo y dinámico en la construcción del Reino de Dios y la libertad de la patria. Su actividad y dinamismo nunca le proporcionaron mucho a él, porque estaba al servicio de la Iglesia, de los jóvenes, de los oprimidos y esclavizados, de los pobres inmigrantes irlandeses, de los enfermos y moribundos. Los talentos de Varela estaban al servicio de la Iglesia y de Cuba.

Nosotros también tenemos que ser capaces de examinarnos con honestidad y sencillez y, desear y proponernos en verdad hacer de nuestras posibilidades, de nuestros talentos, de nuestra vida entera, un fruto para el Señor y su Reino. Para nuestras familias y comunidades. Para la realidad en que nos encontramos, sanos o enfermos, fuertes o débiles, inteligentes o mediocres. Para la Iglesia y para Cuba. Seamos imitadores de Varela. Recordemos: El amor todo lo puede. Muchas gracias.

 

(haga click en "Back" para volver a la página anterior)

© Copyright 2004, The Felix Varela Foundation, Inc, New York.  All Rights Reserved.